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Los golpeados pies de Zlatan son su orgullo

Los futbolistas profesionales deben trabajar con un podólogo de cabecera. Los tratamientos preventivos evitarán lesiones y extenderán la carrera de las estrellas del balompié. Los estudios deben ser personalizados para lograr óptimos resultados.

Zlatan Ibrahimović sobre el campo de juego.
Fotos: Instagram @iamzlatanibrahimovic

A pesar de ser considerados símbolos sexuales, muchos de los jugadores de fútbol profesional han preferido no mostrar sus pies. Lesiones y la frecuente exposición a pequeños golpes que se van acumulando han causado, en algunos casos, deformaciones permanentes. Xabi Alonso, Ángel Di María, Edinson Cavani, Lionel Messi, Ronaldo Nazario, entre muchos, son expuestos en redes como los mejores del mundo, que espantan al quitarse los zapatos.

El polémico Zlatan Ibrahimović, del A.C. Milan de Italia, es uno de los pocos que muestra con orgullo sus extremidades poco agraciadas. En declaraciones para BBC Sport, en el 2018, comentó: “Hay una foto de mis pies en la pared (de su casa). Son los que nos han dado todo lo que tenemos. Es un recordatorio para la familia, no solo para mí”. Estas son las consecuencias de la práctica de un deporte que mueve miles de millones de dólares en el planeta. Este resultado, ¿es inevitable? Los expertos piensan que no.


Lo primero es comprender la diferencia de la actividad que experimentan los deportistas de alto rendimiento, frente a una persona estándar. Los pies tienen dos funciones básicas: la estática, mantener erguido a un individuo, y la dinámica, que lo moviliza de un lugar a otro. En Ecuador, se calcula que un transeúnte da hasta 3 000 pasos diarios, mientras que un atleta eleva esta cifra a 15 000.

Xavier Gómez, podólogo.
Xavier Gómez, especialista del Centro Podológico Natural Foot. Foto: cortesía Xavier Gómez.

Xavier Gómez, especialista del Centro Podológico Natural Foot, explica que las patologías de los pies tienen dos procedencias. Las de origen genético, que se reflejan en la desalineación de los huesos de las piernas a la altura de las rodillas, en genu valgo (desviación hacia adentro) y en genu varu (hacia afuera). Esta deformación determina la pisada. El otro factor obedece a elementos externos. En este ámbito, el fútbol es una de las disciplinas que expone a un incesante contacto físico del tren inferior del cuerpo.


“El manejo del balón causa microtraumatismos que –potencialmente– conducen a una onicomicosis (hongos en las uñas) u onicogrifosis (aumento exagerado en el espesor de la uña). A esto, se suman pisotones, luxaciones de tobillo o rotura de huesos de las falanges”, comenta el profesional.

Jugador vendándose los pies.
Foto: Freepik

El futbolista que trabaja de la mano con el podólogo deportivo tiene una gran oportunidad de evitar estos problemas. La excesiva compresión por vendajes o medias son responsables de múltiples alteraciones, así como el uso de un tipo incorrecto de calzado. Si bien las zapatillas deportivas han evolucionado mucho, se debe tener en cuenta que los artículos que se expenden en el mercado están diseñados para un pie modelo. Estos productos no toman en consideración aquellas configuraciones particulares de los usuarios.


El ortopodólogo tiene la facultad de realizar adaptaciones para mantener la estructura músculo-esquelética del pie. Para llevar adelante estas modificaciones existen técnicas como la varo podoscopia, huella plantar o podo scan, que propician un diagnóstico efectivo. La evaluación con estos resultados permite corregir la pisada y evita daños permanentes. Esto se logra a través de la fabricación de una plantilla o en rectificaciones directamente sobre el zapato.


La recomendación para los deportistas de alto rendimiento es que acudan al podólogo, al menos, una vez al mes. Cada 90 días es necesario hacer una evaluación plantar y del desgaste del calzado. Para ello, se tomará en consideración componentes como el peso corporal y el tipo de superficie sobre la cual se cumple el entrenamiento.

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