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¿Fatiga crónica? Guía para entender la hipertensión arterial pulmonar


Deportista agotado.
Foto: Magnific

Sentirse cansado todo el tiempo, ahogarse al subir gradas y pensar que “solo es estrés” puede parecer normal. Cuando estos síntomas son persistentes y progresivos, alertan sobre una enfermedad rara: la hipertensión arterial pulmonar (HAP). Que, si no se detecta y trata a tiempo, avanza de forma silenciosa, dañando las arterias de los pulmones y sobrecargando el corazón, causando daños irreversibles como la insuficiencia cardíaca.

 

Según estimaciones del Instituto Nacional de Estadística y Censos, en Ecuador la prevalencia de esta afección es de 7,86 casos por cada millón de habitantes. Sin embargo, al tratarse de una enfermedad que suele diagnosticarse tarde o pasar desapercibida, esta cifra podría estar subestimada, pudiendo situarse entre 15 y 50 casos por millón.

 

A decir del doctor César Delgado, médico neumólogo: “Hay personas que conviven con la enfermedad sin saberlo hasta que está en una etapa avanzada. Por ello, es importante entender los síntomas para un diagnóstico y tratamiento temprano y oportuno”.

 

La HAP se produce por el estrechamiento o bloqueo de las arterias pulmonares, lo que dificulta el flujo sanguíneo hacia los pulmones y reduce la oxigenación del cuerpo. Esto obliga al corazón a trabajar más para bombear sangre hasta los pulmones, provocando su deterioro progresivo. Sin tratamiento, este proceso genera un daño irreversible y –potencialmente– deriva en insuficiencia cardíaca e incluso la muerte.

 

Hombre con dolor de pecho.
Foto: Magnific

Síntomas frecuentes

  • Falta de aire o disnea: aparece inicialmente durante el ejercicio y en etapas avanzadas en reposo.

  • Fatiga y agotamiento rápido en actividades cotidianas.

  • Sensación de presión o dolor en el pecho.

  • Mareos o desmayos.

  • Taquicardia y palpitaciones: latidos acelerados o irregulares.

  • Coloración azulada o grisácea de la piel o labios por la baja oxigenación.

  • Hinchazón en tobillos, piernas y abdomen por retención de líquidos.

 


Doctora revisando placa pulmonar.
Foto: Magnific

Cómo hacer frente a la HAP

El acceso al diagnóstico y tratamientos médicos de manera oportuna es fundamental. La expectativa de vida tras el diagnóstico se estima en alrededor de tres años. Hoy, aunque la HAP no tiene cura, las alternativas terapéuticas ayudan a ralentizar su avance, mejorar la calidad de vida y aumentar significativamente la supervivencia. El tratamiento adecuado reduce la presión en las arterias pulmonares, mejora la capacidad funcional del paciente y evita el deterioro del corazón.

 

Los médicos hacen un llamado a los sistemas sanitarios nacionales para impulsar medidas estructurales que permitan cambiar la realidad de los pacientes a través de:

  • Generar un registro nacional que permita conocer el número real de personas afectadas.

  • Impulsar el diagnóstico temprano, incluyendo estrategias de tamizaje desde la infancia en poblaciones de riesgo.

  • Fortalecer la capacitación médica para evitar diagnósticos erróneos.

  • Ampliar el acceso a tratamientos innovadores disponibles a nivel global.

  • Promover la educación y concienciación sobre síntomas y señales de alerta.

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