En un ecosistema donde cada jugador lleva en su bolsillo un acceso directo a millones de opiniones, la gestión del entorno y el ‘detox’ digital se han convertido en prioridades médicas y psicológicas tan cruciales como la preparación física o la prevención de lesiones musculares. Sin embargo, los psicólogos deportivos descartan la prohibición radical del uso de dispositivos, una medida que suele generar más ansiedad por abstinencia de la que previene.
Los jugadores de fútbol se mantienen aislados mientras dura su participación en el Mundial. Pasar 24 horas compartiendo comedores, aviones, hoteles y vestuarios desgasta a cualquier equipo. Un comentario desatinado en el desayuno, música alta o las diferencias en la forma de ordenar una habitación pueden escalar a microconflictos. El trabajo de los psicólogos deportivos es mantener la armonía en el vestuario y sobrellevar esta ‘convivencia forzada’.
El éxito psicodeportivo para los futbolistas radica en transformar la presión externa en una estructura de soporte interno. El cerebro humano no distingue una amenaza real de una alta expectativa de éxito. Para el sistema nervioso, ambas situaciones activan la producción de cortisol y adrenalina. Cuando un deportista visualiza obsesivamente la contienda inicial, el cuerpo entra en un estado de hiperactivación.



