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Las vacunas no terminan en la infancia, las necesitamos a lo largo de la vida

21 abr
2 min de lectura

Actualizado: 28 abr


Mujer de la tercera edad recibiendo una vacuna.
Foto: Freepik

Durante años, la vacunación ha estado asociada exclusivamente a la niñez. Esta percepción ha quedado atrás frente a la evidencia médica actual: la inmunización es una herramienta clave de prevención que debe mantenerse a lo largo de toda la vida.

 

“Existe la percepción de que las vacunas se limitan a la infancia, cuando en realidad forman parte de un esquema continuo de protección. A medida que avanzamos en edad, el sistema inmunológico también cambia y es fundamental reforzar esa defensa con vacunas adecuadas”, explica la Dra. Greta Muñoz, directora Médica de Clínica Internacional.

 

De acuerdo con autoridades sanitarias nacionales, si bien una gran proporción de la población ecuatoriana accede a vacunas en los primeros años de vida, la continuidad del esquema se reduce significativamente con la edad, especialmente después de la adolescencia. En muchos casos, los refuerzos no se aplican o simplemente se desconocen.

 

¿Qué vacunas se necesitan según la edad?

Las necesidades de inmunización cambian con el tiempo y dependen de factores como la edad, el estado de salud y el entorno:

  • Adolescencia: refuerzos contra tétanos, difteria y tosferina, además de la vacuna contra el virus del papiloma humano (VPH).

  • Adultos jóvenes: protección contra hepatitis, influenza estacional y actualización de esquemas incompletos.

  • Adultos mayores: vacunas contra influenza, neumococo y otras infecciones que pueden generar complicaciones graves.

  • Grupos específicos: mujeres embarazadas, personas con enfermedades crónicas o viajeros requieren esquemas particulares.

 

Para la doctora Muñoz, “incorporar la vacunación dentro de los controles regulares de salud es clave. No se trata solo de evitar enfermedades, sino de prevenir complicaciones que afectan significativamente la calidad de vida, especialmente en adultos mayores o personas con condiciones preexistentes”. 

 

Enfermedades como la influenza, el neumococo o el tétanos pueden tener consecuencias mucho más severas en la adultez, lo que refuerza la importancia de mantener el esquema al día. La vacunación cumple un rol colectivo: protege no solo a quien la recibe, sino también a su entorno, disminuyendo la transmisión y cuidando a poblaciones más vulnerables.

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