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Parkinson: síntomas no motores avisan años antes de afectar la movilidad

17 abr
2 min de lectura

Hombre de la tercera edad levantándose de una silla con ayuda.
Foto: Freepik

El Parkinson se produce cuando las células del cerebro que generan dopamina, fundamental para lograr movimientos suaves y coordinados, dejan de funcionar y mueren con el tiempo, lo que provoca síntomas como temblores, rigidez y lentitud.

 

Los síntomas iniciales suelen ser leves y pueden confundirse con el envejecimiento o el estrés. Entre ellos, se incluyen temblores en una mano, rigidez muscular, movimientos más lentos, menor balanceo de los brazos al caminar, cambios en la escritura, voz más suave y menor expresión facial. En ocasiones, también se presentan síntomas no motores como trastornos del sueño, estreñimiento, depresión, ansiedad o pérdida del olfato, incluso años antes de los signos motores, lo que dificulta su detección temprana.

 

El diagnóstico se realiza mediante una evaluación neurológica clínica, ya que no existe una prueba única que lo confirme, aunque estudios como el (Test de Aptitudes Diferenciales) DAT scan, imágenes cerebrales e incluso nuevas herramientas como biopsias de piel apoyan el diagnóstico y descartan otras condiciones.

 

“El Parkinson es una enfermedad progresiva que no tiene cura, pero sí existen tratamientos que permiten controlar los síntomas y mejorar significativamente la calidad de vida. Un diagnóstico oportuno y un manejo integral hacen una gran diferencia en la evolución del paciente”, explica la Dra. Tarannum Khan, especialista en Neurología de Cleveland Clinic.

 

Actualmente, los tratamientos incluyen medicamentos que reemplazan o imitan la dopamina, terapia física y ocupacional, terapia del habla y, en algunos casos, estimulación cerebral profunda. La enfermedad crece de forma gradual, generalmente comienza en un solo lado del cuerpo y avanza con el tiempo hacia la movilidad, el equilibrio e incluso la cognición. En este contexto, los avances tecnológicos, como la inteligencia artificial, están contribuyendo al análisis de imágenes, patrones de movimiento y cambios en el habla, facilitando una detección más temprana, el monitoreo de los síntomas en tiempo real y el desarrollo de tratamientos cada vez más personalizados.

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