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Ejercicio y estimulación cerebral, los avances en la atención del Parkinson


Pareja de la tercera edad disponiéndose a realizar ejercicio.
Foto: Magnific

La enfermedad de Parkinson transforma vidas de manera silenciosa. Lo que a menudo comienza con cambios sutiles en el movimiento avanza hasta convertirse en una condición neurológica compleja que afecta la independencia, el bienestar emocional y la calidad de vida en general. Su impacto va más allá del paciente, ya que significa una carga importante para las familias y para los sistemas de salud que apoyan su atención.


Pareja de la tercera edad.
Foto: Magnific

En Ecuador, esta afección representa un desafío creciente de salud pública a medida que la población envejece. Según el Instituto Nacional de Estadística y Censos (INEC), más de 1,5 millones de ecuatorianos tienen hoy más de 65 años, el grupo con mayor riesgo de desarrollar Parkinson. Los datos nacionales de mortalidad muestran cientos de muertes al año relacionadas con este padecimiento y trastornos asociados, lo que refleja su impacto médico y social. Estas cifras subrayan la necesidad de promover una mayor concienciación, detección temprana y un considerable acceso a servicios especializados.

 

Aunque actualmente no existe una cura, los avances recientes en el tratamiento ayudan a controlar los síntomas y la calidad de vida. La evidencia muestra que el ejercicio estructurado es una parte esencial del tratamiento. Caminar a paso rápido, montar bicicleta, nadar y realizar ejercicios de resistencia favorecen al equilibrio, la coordinación, la flexibilidad y la movilidad. Estas acciones fomentan la función motora y podrían desacelerar el deterioro físico. Estudios en curso sugieren que el ejercicio promueve la neuroplasticidad; es decir, la capacidad del cerebro para adaptarse y formar nuevas conexiones, algo fundamental en los trastornos neurodegenerativos.

 

A la par, la actividad física constante y supervisada es conveniente para el manejo de los síntomas no motores del Parkinson, como la depresión, la ansiedad y los trastornos del sueño. Contribuye a elevar el estado de ánimo, provee más energía y genera una mayor sensación de bienestar. Por ello, el ejercicio debe formar parte integral de cualquier plan de tratamiento personalizado, adaptado a las necesidades individuales y a la etapa de la enfermedad.

 

Hombre de la tercera edad tomando medicina.
Foto: Magnific

Para los pacientes cuyos síntomas no están bien controlados con medicamentos, la estimulación cerebral profunda es una opción. Este procedimiento quirúrgico consiste en implantar electrodos delgados en áreas específicas del cerebro que controlan el movimiento. Los electrodos envían impulsos eléctricos generados por un dispositivo colocado debajo de la piel en el pecho, con el fin de modular la actividad cerebral anormal. Aunque la estimulación cerebral profunda no cura el Parkinson ni detiene su progresión, en pacientes seleccionados reduce de forma significativa los temblores, la rigidez y los movimientos inducidos por los medicamentos. Muchas personas experimentan un progreso en su funcionamiento diario y, en algunos casos, incluso aminoran la dosis de sus medicamentos, lo que favorece una mayor independencia.

 

El Parkinson afecta mucho más que el movimiento. También influye en el habla, la deglución, la cognición y la salud emocional. Por eso, una atención eficaz requiere un enfoque multidisciplinario que incluya neurólogos, neurocirujanos, terapeutas físicos y ocupacionales, especialistas en habla y lenguaje, y profesionales de salud mental. Reconocer de manera temprana síntomas como el temblor en reposo, la lentitud de movimientos, la rigidez y los cambios en el equilibrio permite una evaluación oportuna y una intervención más temprana.


Es significativo reconocer que los avances en la atención del Parkinson están abriendo nuevas posibilidades para los pacientes. La combinación de programas de ejercicio basados en evidencia con terapias quirúrgicas avanzadas, como la estimulación cerebral profunda, ayudan a las personas a mantener su funcionalidad, independencia y dignidad. La educación pública continua, la investigación y el acceso a atención especializada siguen siendo fundamentales para mejorar los resultados de quienes viven con Parkinson en Ecuador y en todo el mundo.

 

(Artículo editado por Redacción Prilmed a partir de la información proporcionada por el Dr. Justin Matthew Sporrer, neurocirujano y codirector de Neurocirugía Funcional en el Baptist Health Miami Neuroscience Institute).

Comentarios


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