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La ciencia del amor: no es el corazón, es el hipotálamo

Un sistema de recompensas, producidas en el cerebro, hace que neurotransmisores, como la dopamina, dominen el escenario durante el idilio amoroso. Luego de tres años estas sustancias se equilibran. ¿Qué hacer para mantener aquellas relaciones de largo aliento?


Pareja en actitud amorosa.
Fotos: Freepik

El amor es definido como un sentimiento intenso hacia otra persona (según la RAE). Por su propia naturaleza, resulta complejo describirlo de una manera objetiva, dejándolo en el plano etéreo: lo experimentamos, pero no lo podemos ver. Varias ramas del pensamiento han ensayado narrativas a su alrededor. La ciencia, a través de la neuropsicología ha entregado su aporte con teorías que se desligan del romanticismo, aunque pueden ser muy valiosas al momento de reavivarlo. Si se conoce el sistema que lo hace funcionar, se puede usar esta información de forma positiva.


El punto de partida es la percepción de un estímulo externo, que se lo canaliza a través de los sentidos. Y, si bien, todos pueden estar activos, hay que destacar dos: la vista (en el hombre) y el oído en la mujer. A todas luces, el primero es más primitivo; mientras el segundo, se constituye en un proceso más complejo de interiorización. No obstante, el efecto se reflejará en el cerebro emitiendo una cantidad importante de neurotransmisores (sustancias usadas por las neuronas para comunicarse con otras y con los tejidos sobre los que actuarán). La dopamina es el más importante en este ámbito, ya que se encuentra relacionado con el sistema de recompensa cerebral y motivación, la regulación de las emociones y el deseo sexual.   


El Dr. Armando Camino, médico psiquiatra coordinador del Área de Salud Mental del Hospital del Club de Leones y director del Grupo Psique Camino y Colaboradores, explica: “Cuando nos sentimos atraídos físicamente por alguien se produce la liberación de este neurotransmisor y afecta al núcleo accumbens, el septum, la amígdala y la corteza prefrontal”. La activación de estas cuatro zonas del cerebro incide en el hipotálamo, el centro de las relaciones emocionales. Esto da paso a una intensa sensación de bienestar y euforia al estar en presencia del ser querido. “Los humanos no amamos con el corazón, sino con el hipotálamo”, sentencia.


¿Qué pasa cuando se agota el combustible?

Los estudios han encontrado que la etapa del amor romántico dura tres años, aproximadamente. En esta fase toman preponderancia la atracción, generación de sentimientos, interés por conocer al otro y despertar sexual. Al cabo de ese período, los niveles dopaminérgicos disminuyen notablemente hasta estabilizarse.


Entonces, la dopamina y la noradrenalina, que en un inicio estimulaban el enamoramiento y la pasión, dan paso al predominio de la oxitosina y vasopresina, que permitirán a dos individuos tolerarse en el tiempo. El vínculo se estrechará y profundizará de una manera diferente. Esta vez, a través del apego, en lo que se puede considerar una relación madura.


“Los profesionales de la salud aconsejamos dar refuerzos positivos creando situaciones que rompan la monotonía en la que caen las parejas. Para que exista atracción permanente debe existir enamoramiento diario, con la iniciativa de cada uno de los miembros de la relación”, comenta Camino. La fórmula parece sencilla: crear estímulos nuevos para activar la bioquímica cerebral (dopamina). Y, este San Valentín puede ser el momento propicio para construir experiencias que despierten el interés de nuestra ‘media naranja’.

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1 comentario


Invitado
14 feb

Gracias César por compartir este mensaje en este día tan especial para quienes creíamos que nos enamoramos con el corazón y no ha sido así, si no con el hipotálamo, saludos de Aníbal.

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