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Reconozca tres tipos de hemorragia y actúe durante una emergencia

Actualizado: 1 ago 2022

Los sangrados capilar, venoso y arterial tienen sus características. Los pasos para controlar las heridas son distintos en cada caso y buscan ganar tiempo mientras llega la ayuda profesional. La primera recomendación es marcar al 911.

Enfermera colocando vendaje sobre gasa con sangre.
Fotografías: Freepik

El sangrado externo, aquel que es visible al ser expulsado fuera del organismo, puede ser de distintos tipos, cada uno necesita su técnica de tratamiento. Es urgente identificarlo para aplicar los métodos más indicados en su control.


La hemorragia capilar se produce por raspones, lesiones pequeñas o cortes superficiales. Es la de menor riesgo, pero la más común. No tiene una emanación significativa, pero puede causar alarma, sobre todo cuando hay niños involucrados. Lo primero es lavar la herida con agua y jabón suave. Si no existe mayor contaminación es mejor evitar soluciones desinfectantes. Será suficiente con poner una gasa, tela limpia o una toalla absorbente por encima de la cual se ejercerá presión. Es recomendable usar guantes estériles durante la intervención. Cuando el flujo se ha detenido, se finaliza la curación con un vendaje para impedir potenciales infecciones.

En el caso de ser venosa el flujo es constante, pero lento. La tonalidad de la sangre es oscura. Viaja de los tejidos al corazón y se mueve en sentido contrario a la gravedad. De allí que es preciso elevar la parte afectada (pierna o brazo) por encima de la línea del corazón. Este tipo de cortes son más profundos y regularmente son producto de incrustaciones de vidrio o metal. La idea es no remover el objeto, esta acción producirá más daño. Las medidas aplican en idéntica forma que en el primer caso: limpiar, colocar apósitos de gasa y comprimir. “Es importante no retirar la primera gasa, porque sobre esta se forma el coágulo. Al moverla, vuelve a activarse el sangrado”, explica el Dr. Gerardo Cabrita, especialista en Medicina Interna de la Clínica Adventista Americana, de Quito. En este proceso, van a influir las condiciones previas al accidente. Si la persona consume anticoagulantes, como aspirinas, el período de cicatrización será mayor.


Cuando la sangre es arterial, su emisión es pulsátil. Es decir, brota con mucha fuerza en forma de pulsos y es de un rojo brillante. Este escenario es el de mayor peligrosidad, dependiendo del calibre del vaso dañado, el tiempo de atención se reducirá a un máximo de 20 minutos. Después de eso se enfrenta la posibilidad de que el paciente entre en estado de shock.


La primera acción es recostar a la persona accidentada en previsión de un desvanecimiento, colocar el miembro en alto para disminuir el flujo por influencia de la fuerza de gravedad y ejercer presión lo más cerca de la herida, sobre la raíz de la arteria y en dirección al hueso. Dependiendo de la zona es necesario comprimir el tronco arterial. En la pierna sobre la ingle, que es donde se ubican las arterias ilíaca y femoral, que son las que llevan la sangre hacia los miembros inferiores. Y en los brazos sobre la clavícula, en la arteria subclavia. No se debe aflojar el punto de presión.

Teniendo claras las diferencias de estos tres tipos de hemorragias es factible actuar. La capilar puede ser asistida en el hogar. La venosa y arterial necesariamente requieren de ayuda profesional. Por este motivo, antes de cualquier maniobra es imprescindible adelantarse con una llamada al 911. Lo primordial es disminuir el sangrado para ganar valiosos minutos hasta que llegue el equipo paramédico.

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